Con la piel
vistiéndome los huesos,
desprecio la
obsesión de buscar,
marchita de
aromas,
perdida,
devorando
deseos.
Sumergida en
cavernas
donde el
elixir de los pétalos
no pinta la
piel,
con cuerpo
delicado me deslizo,
oruga
tierna,
despertando
fuentes cantarinas.
Sólo basta
arroparse de violetas,
y percibir
la esencia
entre los verdes nuevos.
Huesos me
nacen en flor
Carmen
Amaralis