(prosa erótica)
Se acabó el pudor. Ha decidido caminar desnuda en la noche,
erotizando ensueños. Una fuerza mágica la mueve. Las sombras de
las
bocas que la besan y las lloviznas que la cubren de alfileres le
provocan un delicioso cosquilleo de felicidad oculta. El cabello
se
le enreda en los brazos que se alargan en delirios.
Entorna los ojos y la media luna aparece cristalina y
transparente.
Por el sendero surge un suave aroma a sexo voluptuoso, y se
derrama
el deseo en los cuerpos ajenos y en el propio.
Sigue caminando a paso lento, mientras su cuerpo se rosa con la
piel del viento, y el ardor de libertad la cubre con un manto
tibio.
Está la noche a su favor. En las sombras se escuchan los
suspiros
de un fantasma enardecido y unos ojos brillantes se asoman al
balcón
del amado, dispuestos a ser iris en la entrega.
Siempre caminó cubierta de desidias, del portal al umbral,
asfixiando lo que el cuerpo le pedía. Ahora ya lo sabe, no dará
marcha atrás, seguirá desnuda mientras viva.
A lo lejos un anciano le hace el amor a sus recuerdos y una niña
descubre de repente las aureolas de sus senos tiernos.
Carmen Amaralis