Se escucha la risa irónica de
los duendes,
mientras la luna verde
sobre el mar
recibe
en su piel la caricia del pitirre.
Rasga su sabia con su pico
negro,
y los rizos de bronce se
deshacen en la orilla.
Las alas rozan el silencio
íntimo,
sembrando el aire espeso de
rimas nuevas.
Con su vuelo se calma la
locura
que no entiende de ansias y
plumajes de plomo.
Se diluyen los deseos
en lava de cielos lejanos,
y se aduerme la inocencia
en la noche
de estrellas regaladas.
Entre negros y verdes
se recobra el canto del
poeta.
Carmen Amaralis