Por la piel se derraman alaridos.
Fragancias de geranios hablan de siluetas embrujadas,
de rumores al temblor de miradas esquivas.

Hay ardores cuajados de deseos en la sangre,
cadenas y aullidos en las manos,
anillos perplejos en la espesura
de los cuerpos.

Cenizas del ayer entre los dedos
cantan en la noche las pasiones viejas,
y el titilar de las estrellas se burla
del candor.

En la negrura
los rizos de la luna esconden la clave
de aquel adiós sin esperanzas.


Carmen Amaralis

OTROS TIEMPOS