Ten cuidado, revisa
el equipaje. Cuando te vayas, recuerda no
olvidar todas las
veces que abrió una flor en tu jardín, y te regaló
su
aroma y su color. Carga contigo el aroma del café que te invadía
cada
mañana, luego dejabas bajar despacio un chorrito de jugo de
naranja, agrio y dulce a la vez, haciéndote cosquillas por la
garganta.
Como
te tocó vivir frente al mar, se te regalaron por las mañanas
el
rosa pálido sobre tu jardín del norte y aquellos azules y rojos
entremezclados sobre la línea que separaba el cielo de tu
horizonte.
Y no
hablemos de las noches de luna, cuando su manto negro se
pintaba de plata eléctrica y ondulaba incansable sobre tus pies,
en
aquellas ocasiones en que te daba por ir a caminar descalza
sobre la
arena
tibia, con la única intensión de sacarle inspiración a tus
tristezas.
Tu
cuerpo cargará con las huellas grabadas por dedos largos
delineándote el borde de tus labios, manos rastreando la
suavidad de
tu
espalda, reconociendo la escultura de tu cuerpo. Por favor, has
un
esfuerzo y recuerda aquellos extraños espasmos que nublaban tus
ojos
y engendraban una reacción en cadena que paralizaba tu
respiración.
Sé
que también portarás la hiel de la sangre derramada entre las
piernas, el ácido sobre el pecho herido, las muecas de cansancio
inútil, los zapatos rotos de tanto deambular buscando
respuestas.
Cargarás contigo todos tus poemas, esos que no le has mostrado a
nadie
por temor a la burla de los que saben escribir bien el arte de
la
vida. Tu solo sabes escribir de fantasmas y paredes carcomidas,
de
catedrales sobre tus senos vírgenes y témpanos de hielo y
escarchas sobre la piel herida con agujas y cristales rotos.
Ten
mucho cuidado, revisa bien, no olvides nada, sería imperdonable.
Recuerda que el collage de tu vida es único e irrepetible, y al
irte,
el libro de tu historia quedará cerrado para la eternidad.