Quiéreme, a solas,
sin testigos,
que el beso que te tiembla en la mirada
se me pierda en el alma
y grite el cuerpo.
 
Desnúdame
tierna, liberada,
que llego a tus pies para mirarte…
culebra rígida,
hilvanando sueños.
 
Quiébrame las ganas en tu lecho,
cabálgame insaciable la malicia,
y cuando sepan que te sigo viva
cegarán de envidia
los perversos.
 
No he de querer ya más,
¿Por qué decirlo?
 
Si soy mujer que busca en el sagrario
la intimidad que guarda adormecida
la musa que me inspira el verso.
 
Carmen Amaralis
 

 

 
ESTA NOCHE DE SOMBRAS