Los maestros de
la brujería lograron el conjuro y ocurrió el eclipse de media luna,
robándose las magias y engendrando
delirios de ausencias. Al marcharse los duendes, dejaron una estela de
aromas extraños en el cabello largo de la
noche. Dibujaron lunas nuevas en las frentes de las hadas, para que su
luz se convierta en resplandor de sonrisas. De
las profundidades del firmamento surgió un murmullo suave, transformando
la lujuria en vida. Delfines y sirenas
enloquecieron a lo largo del mar, y en lo ancho del cielo palabras
ardientes brotaron de la risa de los peces niños. El
horizonte, como un manto, se convirtió en sudario de amores inciertos, y
los lirios marinos robaron los velos de las algas vírgenes,
colocándoles lienzos multicolores, que embriagan cuando caen las lluvias de
abril. Huesos me nacen en flor.
Carmen Amaralis