Era diferente cuando soplabas sobre mis parpados
y de pronto los caracoles se vestían de verdes,
y la niebla deshacía mis manos abiertas.

Demasiadas caricias para guardar,
demasiadas ilusiones huecas
flotando en la distancia.

¡Pobre estatua de salitre y bronce!,
resguardaba la cera derretida sobre el manto del mar
y las burbujas de champagne
embriagando un cuerpo despojado de la piel del viento.

Sí, era diferente cuando dejabas un vértigo suspendido en el aire,
un retorno aguardando risas,
una boca carcomida en llanto
con la lluvia de octubre ahogada en los ojos

Nunca sabrás de la sal que hizo surcos
sobre la copa del vientre,
ese que solo reconocía el dolor en el aire dibujado
con las muecas de tu adiós.

Carmen Amaralis

 

OTROS TIEMPOS