En el centro el valle del desierto.

No se reconoce,
se ha podido morir de amor
y no hay huellas.
Las lágrimas secaron la lava ardiente
cubriendo de sal los aleluyas.

Se sabe viva.
Desesperada arranca abrojos.
Seca y fria
lame la hiel de las grietas,
y trata de atar los pedazos de cordura
con el azul infinito de la espera.

En la faena
es cordón que se enreda en las aguas
y reverdece.

Carmen Amaralis.


 

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