Resbalo abierta,
agua de flor por tu espalda,
cascada fría.
Me sumerjo
en los bordes de tus vértices,
furia de brisa sin deseos.
Retorcido, escondes la roca delirante.
Ya no hay sorpresas que me confundan
ni alegrías ajenas que me envuelvan.
En la lejanía de mis noches
el calor de tus venas lacera mi carne.
Mi sombra se burla del deseo.
Carmen Amaralis