Mis propias ramas me enredan,
se retuercen por los labios malditos,
asfixian metiéndose por la conciencia,
se hacen fuertes con la sal
que corre por mi centro
desbordado de pasiones.
Tendré que podar todos los ganchos secos,
los que murieron con cada ráfaga de ardores y desganos.
 
Humedecer nuevamente con caricias las noches
en soledades propias y ajenas,
las tardes frente a un crepúsculo incierto,
los soles truncos de las despedidas.

Si logro revestirme de verdes,
veré si basta un solo de lloviznas suaves
que me humedezca y me haga florecer,
si basta una garganta con voz
que pueda gritar un nuevo nombre
sin que el tuyo arda,
y raspe las paredes internas de este tronco seco.
 
Esperaré el milagro de la vendimia,
y entre fruto y fruto,
trataré de poblar de colores
este cuadro de desolación.

Ilusa espero,
bastaría que llovieras sobre mí todas tus ansias.

Carmen Amaralis

 
 
ESTA NOCHE DE SOMBRAS