Te
escojo a ti, espectador de la escena de mi muerte. Trágate el
momento en que me
visto de novia y bailo a cámara lenta el ritual
del
desgarro, el momento de la caída y la entrega.
Tus
ojos captan los pedazos de mi cuerpo. La cámara enfoca mis
pupilas dilatadas. Se difumina la intensidad de tus brazos sobre
mis
caderas, y me arrastro para lamer tus pies.
No
puedes ver el escenario. Acabo de vestirlo con lirios sublimes.
Los
códigos blancos empalidecen ante el ardor de tus manos, y quedo
ahí,
observando como se desprende mi alma con el ardor que poseen
tus
deseos.
Terminan los espasmos y baja el telón. Te levantas satisfecho,
sin
artificios, mientras yo sigo inerte en el suelo.
Sin
proponértelo, me has ayudado a morir en delicias.
Carmen Amaralis